Reflexión,  TDM

[Reflexión] #2: Las autobiografías

En los años 2000, la moda estaba en el blog. Todo el mundo tenía un blog. Y de entre los miles de blogs, me encontré con este de una chica que nunca puso una foto suya. Quería confiar en este espacio personal, sin juicios, sin ser reconocida.Su blog era una especie de sesión de psiquiatría, abierta a todo el mundo. Un análisis honesto y sin filtros de su vida, de sus frustraciones ligadas a la precariedad de su trabajo, pero también de su falta de confianza y de su reciente relación amorosa.No sé por qué me gustaba tanto su blog. Tal vez para asegurarme de que incluso una persona que yo consideraba mi ideal en ese momento (dejó claro que era muy alta, guapa, inteligente y dominaba el inglés) también tenía derecho a momentos de debilidad. La locura de los blogs ha terminado. Esta persona ya no publica y durante muchos años busqué un blog de esta calidad, en vano.Hasta que me encontré con las autobiografías.No he leído mucho. Pero los que leí eran bastante honestos. Y escrito por la propia autora. Vi en estas personas mis defectos y mis cualidades. Y observarlos desde la distancia me hizo darme cuenta de cómo me perciben los demás, y de lo irritante y conmovedor que puede ser tal o cual comportamiento por mi parte.Empecé con una autobiografía de Françoise Hardy. Y luego el de Justine Lévy.Estas dos hermosas y talentosas mujeres, a las que la vida no les ha negado nada, son sin embargo muy infelices. Al leer su autobiografía, sólo te dan ganas de abrir la ventana y saltar desde el octavo piso. Y, sin embargo, siguen aferrándose a la vida, encontrando de vez en cuando unos segundos de felicidad aquí y allá.Tengo tantas ganas de sacudirlos, de darles una bofetada y decirles: ¡pero mira todo lo que tienes, todo lo que has hecho, mírate!Si la lectura era molesta, pensé que si yo también escribía mi autobiografía, probablemente sería igual de deprimente, y alguien más querría sacudirme y abofetearme también.Como resultado de estas lecturas, pude elevarme por encima de mis emociones, como lo haría un lector objetivo en relación con su libro.Hice una lista de lo que ocurría en mi vida, y de lo que no. La lista de lo que estaba bien iba mucho más allá de lo que estaba mal. Y para cualquier elemento que no estuviera bien, siempre encontraba una solución, a veces bastante radical (cortar el contacto con xyz). Y al comparar el estado de angustia en el que me encontraba, frente a esta pequeña lista, sonreí y me dije «de eso se trata».

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