Visita al Castillo de Monte-Cristo (Francia) – Residencia y parque de Alejandro Dumas
Aprovechamos un miércoles (lluvioso) para visitar el castillo de Monte-Cristo con JB, mi hermana y mi sobrina.
Situado en las alturas de Port-Marly, a un paso del Sena, el Castillo de Monte-Cristo es mucho más que una simple residencia histórica. Es un auténtico oasis de verdor, donde Alejandro Dumas, el autor de Los Tres Mosqueteros y del Conde de Monte-Cristo, supo crear su refugio lejos del bullicio parisino.
En 1844, tras sus primeros grandes éxitos literarios, Dumas decide instalarse en un entorno más tranquilo, alejado del ajetreo de la ciudad. Se enamora de los paisajes de las orillas del Sena y elige un terreno en una colina para construir un castillo digno de sus sueños. El escritor encarga al arquitecto Hippolyte Durand dar vida a este ambicioso proyecto: un castillo renacentista, acompañado de un castillo gótico, rodeado de agua y de un parque de estilo inglés, con grutas, cascadas y rocallas.
Inaugurado el 25 de julio de 1847, el Castillo de Monte-Cristo es una obra de arte. Las fachadas están esculpidas con minuciosidad, mezclando motivos florales, ángeles y animales extraños, mientras que sobre las ventanas, retratos de escritores de todas las épocas velan por la residencia. El propio Dumas eligió adornar el frontón con su lema «Amo a quien me ama», un guiño a su espíritu generoso y apasionado.
Al observar los árboles genealógicos en la primera sala, descubrimos que tenía como abuela a Marie-Cessette Dumas, una mujer negra esclava en Saint-Domingue (hoy Haití), y como padre a Thomas Alexandre Davy de La Pailleterie (el «general Dumas»), enrolado en la “legión negra” del ejército republicano para defender los ideales revolucionarios, y nunca negó sus orígenes.
Lo más sorprendente es un salón morisco de una belleza asombrosa, con paredes decoradas con arabescos delicadamente tallados por artesanos tunecinos, que recuerdan los viajes del escritor por el mundo. Es una auténtica obra maestra de inspiración oriental que contrasta con la arquitectura gótica del pequeño castillo de enfrente, el castillo de If (muy Disneyland), donde a Dumas le gustaba retirarse para escribir con total tranquilidad.
Castillo de If y numerosos títulos de obras del escritor en las fachadas:



Castillo de Monte-Cristo








